El calendario chino

Las primeras pruebas documentales del uso del calendario chino le aseguran 34 siglos de historia, y esto haría de él el más antiguo de los registros cronológicos actuales, pero legendariamente se considera inventado en el 2637 a.C. por el primer emperador, Huangdi. En este sistema los meses se inician con la luna nueva, y el año se ajusta al ciclo solar de modo no tan preciso: da comienzo con la segunda lunación posterior al solsticio de invierno. El efecto, como en otros calendarios lunisolares, sus periodos básicos no tienen un número fijo de días, y esto los llevó desde muy temprano a buscar fracciones mayores que permitiesen elaborar predicciones, como el ciclo metónico, de 19 años, o el calípico, de 76. Hay que mencionar que el uso del yin-yang li ha quedado restringido, desde que en 1912 se adoptase el calendario gregoriano, a la determinación de las festividades, como la conocida celebración del Año Nuevo. En realidad el sistema europeo, que introdujeron los misioneros jesuítas en 1582, estaba bastante extendido, como también lo estuvieron el hindú durante la dinastía T’ang (siglos VII a IX) y el musulmán durante la Yüan (XIII y parte del XIV). Por otro lado, respecto al calendario chino se puede prácticamente decir que cada dinastía tuvo un calendario particular. Hay que entender que su elaboración era compleja, y dependía de los astrónomos de palacio. Se promulgaba con cada monarca como un documento sagrado con carácter legal que contenía buen número de predicciones -como duraciones de los ciclos, eclipses, etc.; también vaticinios astrológicos- que afianzaban la creencia en un vínculo entre los astros y la corte imperial. La renovación al cambiar cada emperador (a veces incluso en medio de un reinado) se había de entender como un intento de reestablecer esta conexión entre Cielo y Tierra.
Un elemento más de complejidad en este calendario lo introduce la denominación de los meses pues si bien, como se ha dicho, su duración la fija de modo absoluto el ciclo lunar, los nombres les vienen asignados según la división del año solar. Para esto se fracciona la bóveda celeste en doce partes de 30 grados, equivalentes a nuestras divisiones zodiacales, cuya línea media es el centro. Un mes recibirá el nombre de una de estas divisiones si el sol pasa por su centro durante su transcurso. Pero puede darse el caso de que no pase por ninguna, en cuyo caso se denomina bisinódico y se llama de igual forma que el precedente.
Cada periodo de 60 años, por otra parte, se considera una era, aunque se tiene en consideración un ciclo mayor de 180 años. Dentro de ella, el nombre que cada año recibe se obtiene sumando dos componentes: el tronco celeste (hay diez) y la rama terrestre (doce, con los nombres de animales de las constelaciones chinas). Se avanza simultáneamente en el tronco y en la rama, dando lugar al mencionado ciclo de 60 años. Estos componentes tienen asociados valores según la teoría de los cinco elementos y las seis energías, relacionada también con la medicina tradicional, que servían para pronosticar la climatología o las enfermedades más frecuentes.

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