El calendario etíope

La cuenta de los años en el calendario etíope arranca con la vida de Jesús, como cabe esperar en una región de mayoría cristiana. No obstante, la Iglesia copta no lo fija cuando el resto, y ello hace que su fecha esté algo más de siete años desfasada respecto de la nuestra. Así, cuando esta entrada se escribe Etiopía encuentra en el año 2014; ha entrado recientemente en el segundo milenio. Las discrepancias en esta cuenta se deben a las diferencias en los cálculos efectuados por Dionisio el Exiguo para determinar la fecha del advenimiento de Jesucristo, tablas que habría de seguir Roma, frente a los de Anianus de Alejandría, patriarca de la Iglesia Ortodoxa Copta. La era diocleciana, además, se inicia con el Nacimiento, mientras que la segunda pretende datar la Encarnación.
El año etíope posee 365 días agrupados en doce meses de 30, más cinco días adicionales denominados epagómenos. Heredan claramente esta distribución del calendario egicio, con la única alteración de añadir a los epagómenos una jornada adicional los años bisiestos, también llamados de Lucas. Los otros tres años se dedican cada uno a un evangelista. Hay que hacer notar que ni en el inicio de éstos ni el de los meses casan con el calendario gregoriano. El año tiene comienzo en nuestro 11 o 12 de septiempre, lo que para los etíopes sería el primer día de meskerem. Le siguen los meses de tikimt, jidar, tajisas, tir, yekatit, megabit, miazilla, ginbot, sene, jamile y nejase, todos ellos en lengua ge’ez.
Tampoco coinciden con el resto de cristianos en la forma de contar las horas. En lugar de pretender ajustarlo a la mitad de la noche se intenta hacer con el amanecer, de forma que presentan un desfase de seis horas con el huso que les corresponde. En el ámbito de los negocios rige el sistema occidental, en cambio.

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