Guía para retornar al día de ayer

No por simple es conocido para la mayoría de la población. Existe un modo extremadamente sencillo de volver al día de ayer; a la fecha de ayer, hay que precisar. Sirvió a Julio Verne para introducir un elemento de suspense en su novela La vuelta al mundo en 80 días. Partamos del supuesto de que tomamos un avión en Greenwich que viaja en dirección este. Conforme vayamos cruzando husos horarios deberemos ir adaptando nuestro reloj a la hora local, próxima a la solar, y eso nos obligará a adelantar sus manecillas. Las aeronaves vuelan a una velocidad cercana a los 1000 km/h, lo que arroja algo más de 24 horas para dar una vuelta al globo en esa latitud. Pero nosotros habremos atrasado el reloj otras tantas veces en ese mismo tiempo. ¿Acaso llegamos a la vez que hemos partido?
Obviamente no es así. No nos limitemos a las velocidades de un avión comercial; virtualmente podemos realizar este trayecto en un tiempo tan reducido como queramos. Veríamos el sol ponerse por el Oeste y amanecer de inmediato, pero eso no implica que haya transcurrido un día. Por otro lado, si queremos adaptarnos a la hora local habrá un punto en que debamos atrasar el reloj un día. Quienes viven en países con más de un huso horario lo comprenden bien. En España, por ejemplo, cuando en Canarias son las doce y media de la noche, en la península son las once y media del día previo. En nuestro viaje imaginario alrededor del mundo nos toparemos con este curioso dilema si no comprendemos adecuadamente el sentido de la hora local.
Como comentábamos al hablar de la hora zulú, si mantenemos un observador en Greenwich y fijamos la hora local de otras ciudades con respecto a ésta, nos vemos forzados a marcar una línea divisoria en que cambiar la fecha. El meridiano opuesto a esta ciudad, es decir el de 180º, es especialmente idóneo, ya que cruza el Estrecho de Bering y atraviesa el Pacífico por zonas poco pobladas. Se denomina línea internacional de cambio de fecha. Al atravesarla de Oeste a Este debemos retroceder también en el almanaque (cosa que no hizo Phileas Fogg, por cierto), y con ello se compensa ese día adicional que hemos ido ganando a costa de adelantar el reloj en nuestro experimento inicial. Si se cruza en sentido opuesto, habrá que avanzar uno. La línea de cambio de fecha no es recta, sino quebrada, ya que los países próximos se han acogido a uno u otro lado según conveniencia. Así, a pesar de que una pequeña parte de Siberia queda al Este del meridiano 180, por ejemplo, el cambio de fecha la bordea.

Línea internacional de cambio de fecha
Línea internacional de cambio de fecha

En realidad es bastante irregular, lo que conduce a situaciones aparentemente paradójicas: tomemos un avión en el ecuador, en las Islas Gilbert, a mediodía del 1 de enero, y volemos hacia el Este. Al pasar sobre la Isla Baker será mediodía del 31 de diciembre del año anterior. Cuando sobrevolemos las Islas Fénix volverá a ser 1 de enero. En la Isla Jarvis estaremos a 31 de diciembre, en la de Navidad a 1 de enero, y un poco más al Este a 31 de diciembre de nuevo; donde tendremos que esperar doce horas para que llegue la Nochevieja.

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