Otro fin del mundo

Amanecido el 1 de enero de 2000 sin que sucediese ninguna catástrofe de tantas pronosticadas, los agoreros que vaticinaban el fin del mundo lo retrasaron un año, a la fecha verdadera de cambio de milenio. Pero el apocalipsis de 2001 fue igual de decepcionante. Así que todos los que aguardaban el fin de la humanidad pusieron sus miras en la siguiente cita apocalíptica, brindada esta vez con desenfado por el calendario maya. Según una de las varias correlaciones existentes entre las dataciones de esta cultura y la nuestra, la cuenta larga alcanzaba su final (o iniciaba un nuevo ciclo) el 23 de diciembre de 2012. Y para quien esté más interesado en conocer qué es la cuenta larga o choltun que en difundir profecías sin base, sigue una explicación.
Los mayas, como es sabido, desarrollaron un interesante sistema de numeración posicional, con dígito para el cero, basado en el número 20. Y, asociado a él hasta el punto de no saber si sus conocimientos matemáticos se subordinaban a los astronómicos o viceversa, un calendario bastante preciso. Aunque habría que decir que usaban en realidad tres sistemas para fijar la fecha. El que poseía un ciclo más breve era el tzolkin, lo que podríamos denominar calendario religioso, pues se usaba para las ceremonias y el pronóstico de las lluvias. Estaba constituido por trece meses de 20 días, lo que hace que se repitiese cada 260 jornadas. Se nombraba a los individuos según su fecha de nacimiento, y no se autorizaba a las parejas a casarse si sus cumpleaños tenían el mismo guarismo.
Además de este calendario, la cultura maya seguía un calendario solar compuesto de cinco meses y cinco días más, el haab. Hay que hacer notar que aunque contaban con base 20, las cifras se componían agregando puntos hasta formar grupos de cinco, número que tenía también cierto significado mágico. Estos 18 meses de 20 días más los cinco adicionales, que se consideraban de mal agüero y no se tenían en cuenta en las cronologías, aunque sí en la fecha, hacen un total de 365. Los dos ciclos mencionados, el sagrado y el impreciso, coincidían cada 18980 días (casi 52 años nuestros), lo que se ha dado en llamar calendario circular.

Códice Dresden
Códice Dresden

Como ejemplo de sus preocupaciones astronómicas, comentar su empeño por predecir un hecho para ellos de importancia vital y muy temido: la reaparición de Venus en el horizonte tras un tiempo de invisibilidad. Lograron hacerlo con una precisión del orden de un día en quinientos años, lo que sólo se ha conseguido en la astronomía europea en los tiempos modernos. Las tablas que elaboraron están recogidas en el códice Dresden.
Probablemente la necesidad de realizar cálculos sobre fechas, así como su compulsión a datar los acontecimientos, en un sistema que no poseía fracciones ni números negativos, hizo que a los mayas un periodo como el calendario circular les pareciera insuficiente. Inventaron entonces la cuenta larga. Cada veinte días (kin) constituyen, como se ha dicho, un mes (uinal). Un tun está formado por 18 meses y se aproxima al año; 20 tun componen un katun y 20 katun hacen un baktun. Ese gran ciclo de 144000 días es lo que se denomina choltum o cuenta larga, que comenzaba a contar a partir de un inicio convencional situado, se cree (los historiadores discrepan sobre el inicio y fin de este periodo en un margen de unos 500 años), el 10 de agosto de 3113 a.C.

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