Primera controversia de la Pascua

La Pascua, fiesta de la resurrección de Cristo y núcleo del calendario festivo cristiano, tiene dos raíces que se remontan a los comienzos de la Iglesia: el domingo, que se celebraba el primer día de cada semana como día de la resurrección y la fiesta de pésaj, que, según la tradición judía, se celebra cada año el día 14 del mes de nisán, el día de la primera luna llena de primavera, para recordar el éxodo de Egipto. Los cristianos no [sic] asociaban con esta fiesta sobre todo el recuerdo de la pasión y muerte de Jesús y hasta hacían derivar etimológicamente de forma errónea el nombre de la fiesta (páscha, latín pascha) del verbo «sufrir» (paschein; passio). […] Los primeros cristianos que provenían del judaísmo asumieron el calendario festivo judío y otorgaron muy pronto un cuño propio al ritmo semanal y anual de las fiestas. Con la celebración del «día del Señor» (domingo) no sólo perdió importancia el shabbat, sino que se modificó también el ritmo semanal. Los días tradicionales de ayuno fueron desplazados: de lunes y jueves a miércoles y viernes. La creciente influencia del pagano-cristianismo contribuyó, además, a que el calendario romano, establecido sobre la base del año solar, adquiriera mayor importancia y reprimiese el ritmo del año lunar.
En el contexto de la creciente separación de los cristianos respecto del judaísmo se produjeron a partir de mediados del siglo II cada vez más conflictos en la relación con la celebración de la fiesta de la Pascua. La denominada «primera controversia» sobre la celebración de la Pascua adquirió ribetes de particular importancia cuando el obispo de Roma, Víctor I (189-198), probablemente en el contexto de disputas internas en la comunidad romana con un grupo de cuartodecimanos liderados por el presbítero Blastus y basándose en la resolución de un sínodo romano, rechazó de forma general la fórmula cuartodecimana como heterodoxa y declaró como única forma válida la celebración de la Pascua en Domingo; al invocar la tradición apostólica de Roma, representada por Pedro y Pablo, al papa Víctor no le importaba solamente imponer una fecha uniforme para que todos los cristianos celebrasen la Pascua, sino sobre todo la separación del calendario festivo cristiano respecto del judío. Sin embargo, el conflicto se agudizó por la excomunión de los obispos y comunidades orientales, como también por el énfasis puesto en la reivindicación de dirección de la Iglesia romana, contra la que se dirigió san Ireneo con sus «Cartas de Paz».
En el tiempo subsiguiente se fue imponiendo cada vez más la celebración de la Pascua en domingo. Para determinar la fecha de la Pascua se seguía utilizando como orientación la primera luna llena de primavera, pero se calculaba el comienzo de la primavera de forma independiente según el equinoccio de primavera, que, según el calendario romano, caía el 25 de marzo.

Cristianismo, sociedad y cultura en la en la Edad Media: una visión contextual. Gonzalo Balderas Vega.

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