Segunda controversia de la Pascua

Si la primera controversia de la Pascua concluyó resolviendo que la celebración de la Resurrección tuviese lugar el domingo tras la primera luna llena de primavera, no estableció un método sencillo para el cálculo de dicho evento. Más de un siglo después, en torno al Primer Concilio de Nicea, es el propio emperador Constantino quien escribe a las iglesias encomiándolas a establecer un criterio único. Las regiones conflictivas eran Siria y Mesopotamia, encabezadas por la Iglesia de Antioquía; si bien respetaban la celebración de la Pascua en domingo, tomaban la decisión de cuál era la semana correcta atendiendo a las costumbres judías, con su complejo sistema para reajustar el ciclo solar. Incluso el resto de la cristiandad, aunque mayoritariamente se regía por los cómputos astronómicos efectuados en Alejandría, no celebraba esta festividad en una fecha común.
Por todo esto, el Concilio de Nicea se vio obligado a reafirmar los criterios para el establecimiento de la fecha de la Pascua, y determinó que fuese la Iglesia de Alejandría la encargada de calcular el domingo que había de tener lugar. De ello resultó el abandono definitivo de Antioquía de su dependencia de los judíos en la celebración de esta festividad, pero no logró la uniformidad en todo el territorio cristiano. Pronto se vería que los cálculos que realizaban Alejandría y Roma para determinar la primera luna llena tras el equinoccio, ciudad esta última que probó ciclos diferentes del metónico en una búsqueda de mayor exactitud, no coincidían en una fecha común.

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