Un mes para mi madre

Asjabad, la capital de Turkmenistán, cuenta entre sus monumentos el que fuera uno de los mayores alardes de megalomanía en la historia reciente: el Arco de la Neutralidad, su edificio más alto, que estuvo coronado hasta 2010 con una estatua dorada de cinco metros de alto del dictador Saparmyrat Nyýazow, provista de un mecanismo de relojería que la hacía girar de un modo tal que enfrentaba siempre el sol. Una más de la numerosa cantidad de representaciones con las que sembró el país. Nyýazow gobernó Turkmenistán desde 1991, año en que el golpe de estado que apoyó contra Gorvachov propició su independencia, hasta su muerte en 2006. En esos 15 años alentó la identidad nacional y el culto a su imagen, amén de un sinnúmero de decisiones más peregrinas: clausuró salas de conciertos, teatro de la ópera, ballet y circos, prohibió los playbacks, el maquillaje de los presentadores de televisión, las coronas dentales de oro, impuso una tasa a los extranjeros que se casasen con turcomanas, construyó un palacio de hielo en pleno desierto, cambió el juramento hipocrático… Se consideraba a sí mismo el mayor estadista de la historia, amén de gran poeta y escritor. Y como tal, redactó el que dictaminaría texto de estudio obligatorio y «constitución moral» del país, el Rujkhnamá o Libro del Alma.
Entre las muchas reformas introducidas en su mandato nos vamos a centrar en este blog en el cambio de nombres de los meses. Digo cambio de nombres y no calendario porque mantuvo intactos los ciclos del gregoriano; la innovación no pretendía aportar ninguna corrección, sino simplemente ahondar en su megalomanía. Por dicha razón, enero pasó a llamarse Türkmenbaşy, el sobrenombre con el que se hizo llamar, y que significa Padre de los Turcomanos. Febrero se convirtió en el mes de la «bandera» (Baýdak), y octubre vino a representar la «Independencia» (Garaşsyzlyk). Otros meses adoptarían el nombre de personajes conocidos: mayo fue Magtymguly, el poeta preferido del dictador; julio, Gorkut, un héroe épico; noviembre, Sanjar, último emperador selyúcida; junio, Oguz, el fundador de la nación turconama, de acuerdo a su Libro del Alma, al que también se le dedicó un mes: septiembre. A mí, el que más cariño me inspira es abril, Gurbansoltan, el que fuera el nombre de la madre de Nyýazow. También le dedicó una mezquita en la capital decorada con versos de su libro.
Esta fiebre por renombrar periodos no terminó en los meses, sino que alcanzó los días de la semana e incluso edades de la vida, con ciclos vitales que concluían a los 13 años (infancia), 25 (adolescencia), 49, 61 (fase profética), 73 (inspiradora), 83 y resto, que sería la vejez. Nuestro líder sin embargo no pasó de la fase inspiradora; murió con 66 años en el mes de la Neutralidad.

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